¡Yanivisióóóón! (1ª Parte)

Hace unos días hablaba de la importante labor de los fabricantes de productos; en sus manos está el que un niño pueda tener un futuro trauma o no. Ese día fueron unos kleenex. Hoy han vuelto a hacerlo con un muñeco de vaquero. Estoy empezando a pensar que quieren provocar una pandemia traumática en el sector infantil de la población. Os haré brevemente un prólogo para que entendáis por qué vino a parar a mis manos ese juguete:

Ayer quedé con un amigo para ir al cine a ver “La última casa a la izquierda”, una película que yo no vería durante una comida, dejémoslo ahí. Una vez en la sala vi a una familia entrar, cosa que me extrañó porque la película…hombre miedo, lo que es miedo, no da, pero tampoco es agradable para unos niños que no tendrían ni 9 años. Primer trauma. Pero antes de entrar a la película hicimos tiempo en una sala de recreativos. Ganamos tantos tickets que no sabíamos qué hacer con ellos y los canjeamos por chorradas. Una de ellas fue este muñeco de vaquero:

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Hasta aquí el prólogo.

Entonces en un falta de la hormona de la felicidad sumado a un conjunto de sucesos tales como sueño, vaguería…como me aburría (quedará más claro), quité el plástico que envolvía al muñeco y llevada por el niño interior me puse a jugar con él. Observándolo, vi un hecho asombroso, terrorífico, lo que en una película sería clasificado como “+18”. Pero, se nos ha acabado el tiempo de la sección y yo me tengo que ir a hacer Pilates (que no es la prática de fabricación de filósofos griegos si no un método de entrenamiento físico y mental que se basa en la respiración y en la relajación), así que la resolución mañana, aquí, en este blog, a la misma hora.

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