Relato 7

Cuando llegó a casa después de un matador pero fugaz día se acicaló y se vistió con algunas de sus mejores galas y se fue hacía el teatro. Nerviosa por no saber si el madrileño saldría a escena pensó en relajarse y puso música mientras se dirigía al teatro.

Cuando llegó empezó a olvidarse de su preocupación. Había celebridades por todos lados y eso le facilitaba el no pensar en él. Aún así su preocupación por no ver a aquel muchacho se devaneció cuando cayó en la cuenta de que al tratarse de un día especial tendría que estar. Al menos ese argumento le tranquilizaba.

Llegó la hora, sus nervios estaban a flor de piel. Se sentó, cerró los ojos y respiró profundamente. De repente abrió los ojos brúscamente, pues escuchó la voz de su famoso caballero y en la boca se le dibujó una gran sonrisa. Nunca había disfrutado tanto de una obra.

Cuando ésta finalizó se fue a la puerta trasera por donde solía salir él y le esperó. Estuvieron hablando un rato. Intercambiaron algunas palabras de gratitud y cariño y ella se despidió hasta el domingo, donde se verían en las mismísimas tablas del escenario. Delante de todo el público.

Llegó el viernes y ella, ilusionada por lo que iba a acontecer en un par de días, y teniendo la certeza de que su caballero iba a estar presente,  se dirigió a clase con la música a todo volumen y cantando a voz en grito. De repente recibió una llamada. El día soleado de repente tornó gris y oscuro. Ya no saldría con su caballero a escena, ya no podría pisar con él el escenario. Aquello con lo que llevaba emocionada e ilusionada toda la semana se había hundido cual barco de papel en una tormenta tropical.

Decidió ir al teatro para relajarse. Normalmente cuando se encontraba triste y cabizbaja solía ir a aquellos lugares donde solía pensar y ser feliz. Sentada en las escaleras del teatro pensaba en la mala pata que había tenido. Pero no se podía quejar, normalmente tenía muy buena suerte y seguro que ésta continuaría. Pero no tuvo tiempo de pensar mucho. Cuando levantó la mirada vio al jóven madrileño a su lado. Parecía como si el ideal de la obra que tantas veces había visto se apareciera ante ella. Siempre había que mirar el lado bueno de la vida. Si no hubiera pasado aquello nunca hubiera ido al teatro y por lo tanto no se habría encontrado con él.

Estuvieron hablando un rato y decidieron irse a un bar a charlar. Ella no se lo podía creer. Estaba cabreada pero a la vez eufórica, animada por ese casual encuentro.

En el bar estuvieron hablando de muchas cosas. Todas interesantes o no. El nivel de interés de una conversación siempre depende del emisor y receptor del mensaje. Pero él se marchó, tenía que ensayar. Se despidió, le dio dos besos no sin antes decirle unas palabras que hicieron que ella se quedara mirando perpleja y anonadada como partía hacia el horizonte y esperando que lo que él le había dicho se hiciera realidad un día de estos.  ¿Qué habría pasado en esa conversación? ¿Qué le había dicho para que ella no hubiera podido comer desde ese momento?

Bolígrafo

Es increíble lo que puede dar de si un bolígrafo. Además cuando nos aburrimos siempre nos entra ese mono de jugar con el entre los dedos. A quién no le ha pasado estar en clase o en una reunión y empezar a juguetear con un bolígrafo.

Pero lo que no sabía es que esto se podía convertir hasta en modalidad olímpica. De aquí a Rio de Janeiro 2016:

Increíble, ¿verdad?

 

Bucle Pythoniano

Últimamente me encuentro en un bucle al que he decidido llamar “Phytoniano”. Estoy inmersa en un mundo humorístico y de lo absurdo del que, para que engañarnos, prefiero no salir.

Muchas veces os he comentado que me gusta mucho el humor y espero algún día trabajar de ello. Por otro lado un gran referente en el humor británico son los Monty Phyton. Hasta aquí todo correcto, hasta hoy.  Después de haberme visto algunas películas representativas de su humor y algunos videos colgados en Internet gracias a San Youtube (dolor de muelas), llega Spamalot. Y dices bueno vale, otra cosa de Monty Phyton, está guay. Llega el martes pasado, día 27 de Octubre, y ves a Eric Idle. Vale, no pasa nada, perfecto. Además estuvo muy bien. Pero llegas hoy a clase de comunicación auditiva, te pones a analizar la cara del profesor que conoces hace tres semanas y te das cuenta de que efectivamente es John Cleese (Uno de los Monty Phyton):

JohnCleese

¡Es que es clavao! La única diferencia es la cantidad capilar, pero tengo a John Cleese de profesor de comunicación auditiva. Pero hasta ahí dices, bueno va, casualidades de la vida. Pero llego hoy a clase, la única que tengo de 14.30 a 16 h y empieza el mundo del absurdo: llega tarde, no sabe encender el ordenador, cuando lo consigue no le funciona, se había olvidado el pen drive en el que tenía lo que iba a explicar hoy en clase y nos manda para casa. A las 14.55 me encontraba  saliendo de clase en direción a mi coche de camino a casa.

Hay un ente de la felicidad que me acecha desde el 26 de Junio de 2006. No se si será suerte, casualidad…llámalo equis pero espero que esta forma de vida que llevo y que me suele acompañar no cambie, porque puedo disfrutar cada día y vivir felizmente el presente.

Como dice mi queridísimo Andreu Buenafuente: La vida siempre te guarda una sorpresa. Sólo tienes que esperar, lanzarte sobre ella y decir: “¡Mía!”

¡Gran velada!

Hay días que te levantas y dices: “¡Hoy va a ser un buen día!” Y efectivamente así fue. Llegué a clase y el tiempo pasó volando. De repente me vi en mi casa vistiéndome y maquillándome para ver a mi caballero de reluciente armadura Sir Lancelot. Pero…¿Y si no estuviera? Ese subconsciente que siempre nos hace pensar el lado malo de las cosas apareció cual gota fría en pleno verano. Pero decidí creer en una de las moralejas de la obra en cuestión y buscar el lado bueno de vivir.

Cogí el coche y con la banda sonora a tope partí hacia el Lope de Verga… de Vega, perdón. Cuando estacioné mi vehículo futurista y salí por la puerta del parking hacia la calle me transporté a un mundo medieval lleno de espadas, caballeros, conejos, vacas, fraceses…¡Había llegado a Camelot!

Cuando aterricé en el planeta tierra pude ver subiendo las escaleras del teatro a Joan Gracia (una de las tres patas del Tricicle). Y siguiéndole con la mirada, mis ojos se empotraron en las dos últimas partes del trípode. ¡Era Tricicle al completo! No me lo podía creer. Tantos años siguiéndoles, viéndoles por la tele y por fin les podía dar las gracias por esa magnífica obra y por tantas noches de risas que me han dado. Estuve hablando un momento con Joan y resultó muy agradable. Los tres lo fueron. Así que no me podía quedar sin mi recuerdo:

Copia de IMG_0438

Fue un verdadero placer conocerles en persona y poder intercambiar algunas palabras.

Después cuando entré, esperando en el Hall pude ver a Eric Idle (miembro de los Monty Phyton y creador de Spamalot) y me quedé como un conejillo ante los faros de un coche. Como diría Fernando en su papel de francés, me quedé a-no-na-da-DA. Pero llegó el momento de entrar y mis nervios estaban a flor de piel. Otra vez ese pepito grillo malvado me recordaba la posibilidad de que Fernando no estuviera. Pero no fue así. Cuando salió por aquella torre derecha del escenario la expresión de mi cara cambió radicalmente. Pasé de la risa nerviosa y un ictus de preocupación a una sonrisa de oreja a oreja. Por fin podía disfrutar al 100% de la obra. La verdad es que ayer estuvieron todos estupendos. Unas ganas, un ímpetu y una euforia de las tres disciplinas (interpretación, baile y canto) por parte del todo el reparto se transmitió hacia el público, al que también tengo que destacar. Hay días que el público viene a divertirse y acompaña a la obra y eso se nota e incluso creo que se llega a agradecer por parte de los actores.

Al finalizar la obra (ese momento que tanto detesto, porque cada vez se me pasa más rápido, pero a la vez tanto me gusta porque es el momento en el que con la mirada transmites y te transmiten  gratitud, euforia y cariño recíprocamente) subió al escenario Tricicle y Eric Idle y fue un subidón de felicidad escuchar sus halagos al público madrileño, a la compañía y algún que otro chiste es un perfecto inglés.

A la salida el siempre paciente y agradable Fernando Gil se acercó y pude hablar con él un poquillo. Iba tan guapo (aún más) que me vi incapaz de no perdirle una foto:

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Solo puedo decir GRACIAS por esta magnífica velada que quedará grabada, como todos los momentos felices de mi vida, en mi retina y en mi corazón. ¡GRACIAS Tricicle, GRACIAS Jordi Bosch, GRACIAS Eric Idle y, por supuesto, GRACIAS Fernando!

El grial hemos encontrado y al plebeyo recompensado, gracias a Eric Idle…el grial hemos encontrado, ¡por fin!

Reinventándose

Es lo que hace el Terrat día tras día. Cuando parece que no hay nada nuevo que sacar, cuando no queda nada más a lo que sacarle jugo va Andreu y su equipo y se reinventan un concepto de internet que ya existía pero donde se le puede dar más espacio al humor, a la música y lo difunde a través de la red. Esto es lo que han hecho con elterrat.tv, una nueva página de la productora catalana donde podemos ver noticias de actualidad, series, entrevistas, música…Todo lo que se os pueda ocurrir.  Vale no todo lo que se os pueda ocurrir porque hay mentes muy depravadas. Incluso El Pacto, grupo apadrinado por el mismo Andreu Buenafuente, se ha unido a esta cadena binaria internetil mezclando su pegadiza música con el humor.

Lo que pueden dar de si unos instrumentos de juguete. Yo de pequeña no sacaba ni un triste acorde. Mirad:

Ahora , que lo mejor del video es la niña del principio. ¡Qué entusiasmo le echa!

Este miércoles no os perdáis en elterrat.tv (que ya cuenta con su respectivo enlace en este blog) la nueva miniserie de “zombis” protagonizada por el gran Berto Romero. Esto promete. ¡¡Suerte compañeros!!

Relato 6

Las dudas ya estaban despejadas y ella estaba segura de que su corazón sólo pertenecería a uno. Aquel que llevaba amando más de dos años. Aquel muchacho de 30 años.

Pero una noche, de las muchas que pasó en su fugaz viaje a Barcelona, se pasó por un local al que era asídua. Un local al que iba sólo cuando no tenía ninguna preocupación y sólo quería divertirse. Eso, al fin y al cabo, era una buena señal. Allí se encontró a su amigo, aquel con el que había pasado el verano (¡y qué verano!). Tal fue su sorpresa que la copa que tenía en la mano fue soltada de golpe.

Él también se sorprendió de verla allí y tras hablar un buen rato él le comentó que tocaba en ese local una vez al mes. Después de la actuación él la invitó a subir al camerino. Bebieron, hablaron…y la complicidad iba creciendo. Hasta que pasó. Ese momento del verano fue recordado en aquel camerino. Ambos, sin saber el porqué se volvieron a fundir en un romántico beso. Después se lanzaron unas miradas en las que no hacía falta ni hablar. Ambos sabían lo que se estaban diciendo. Ellos se querían mucho, eran muy amigos y esto tarde o temprano tenía que pasar. Pero también sabían que no podía ser. Esta aventura no podría tener ni un comienzo ni un final. No habría aventura. Su amor era imposible.

Él había sufrido mucho en su anterior relación y seguramente por eso ella le besó. Le quería tanto que no le gustaba verle sufrir. Pero para desgracia de él, sabía que esa chica estaba enamorada de otro y, aunque intentó hacerle cambiar de parecer, él no podía hacer más que besarla. Ella se apartó, le cogió la mano y con la mirada le dijo la verdad. Se abrazaron y a altas horas de la madrugada se fueron a casa. Pasaron la noche juntos pero sin niguna intención. Eran sólo buenos amigos y no podría pasar más. Ella no quería que pasara más.

 Había despejado todas sus dudas el día anterior. No podía olvidar la frase que ese treintañero le dijo. Esa frase resonaba en su cabeza cada minuto del día y sabía que si le entraba alguna duda, la recordaría en su mente: “Te he echado de menos, que alegría me da volver a verte”. Ella también le había echado mucho de menos y también se alegraba (y no sabía cuanto) de volver a verle, pero no tuvo valor de decírselo a la cara.

Pero…¿Y si volvía a ver la obra? ¿Qué pasaría cuando viera al joven madrileño?

Cómo lavarse la cara

Hace unos días que tengo un nuevo compañero de cuarto. Es muy limpio y no me da mucho trabajo (Spooky tenía su gracia pero decidió abandonarme para salir con un tal bolsa de plástico. Me comentó que iban a un local que se llama vertedero). Además hace compañía que siempre viene bien.  Pero siempre le observo por la mañana y me gusta ver cómo se lava la cara. Es tan meticuloso en su higiene personal que ya he empezado a asimilarlo. Lo que pasa que esto de cambiar el jabón por saliva…no sé yo si va a ir muy bien…