Relato 14

Pasaban los días muy lentamente. Ella sentía una contrariedad dentro de su interior. Tenía ganas de verle, pero sabía que si le volvía a ver significaba que cada vez serían menos los días para que él desapareciera de su vida. Pero eso nunca sería así…

Llegó el viernes y ella estaba emocionada, apenas con apetito de las ganas que tenía de ver a su caballero. “Cuando se quiere tanto a una persona lo único que quieres es estar con ella las 24 horas del día” -pensaba. Hablar con él, reír con él, abrazarle era lo único que tenía ganas de hacer la chica. Siempre se había portado bien con ella y en su interior sabía que era un buen hombre, de los que ya no quedan. Mentira, si quedaban. Un joven de Barcelona  a quien su caballero le recordaba mucho. Tenían personalidades muy parejas: ambos simpáticos, cariñosos, cercanos, encantadores…

Ese viernes era especial. No sabía por qué pero le daba esa sensación. Cuando entró en el teatro, se sentó en un sitio distinto, con mayor perspectiva del escenario. Pensaba con tristeza que su caballero desde ahí no la vería. Siempre la llenaba de emoción el comprobar como, cada vez que tenía un momento, su caballero la miraba mientras actuaba.

De repente salió su caballero de la torre izquierda del escenario y le pareció que le sonreía. Pero no podía ser. Los focos, la distancia…era imposible que la hubiera visto.

En el segundo acto decidió ponerse más cerca. Bajó a la platea y se colocó en la primera fila en la parte donde su caballero pasaba el 90 % del tiempo. Eso la hacía sentir más cerca de él.

Una vez abajo y cerca del escenario, su caballero la miraba, reía, la guiñaba un ojo…Gestos que ella agradeció. Sabía que ella últimamente venía sólo para verle a él y eso le llenaba de orgullo, de cariño y de gratitud.

Al terminar la función, y como siempre, salieron a saludar todos los actores. Su caballero que justo estaba delante de ella hizo un barrido con la mirada en señal de agradecimiento al público y después centró su mirada en la chica. Ambos se miraban con sonrisas dibujadas en sus caras. La ilusión también estaba presente en sendos gestos. Ella le guiñaba un ojo y a continuación pudo leer en sus labios las palabras ” gracias, guapa”.

A la salida hacía un frío invernal, pero ella no pensaba en eso. Sólo estaba deseando ver a su caballero, poder abrazarle y estar con él. Pasaron unos minutos y su caballero salió por la puerta. La imagen que ella veía era la de un conquistador cuando vuelve acasa y el pueblo lo aclama y le lanza vítores en señal de alegría y victoria. Ella le veía como un rey.

De repente la chica palideció al escuchar las palabras de su joven caballero: “Hola guapa, ya te he visto que estabas allí arriba en el primer acto” -dijo él. ¿La había visto arriba? Era imposible. Pero ¿cómo?. Los focos, la distancia…y él la había visto. No podia ser más encantador. Esa frase se la quedaría grabada a fuego para siempre.

Hablaron de cuando se volverían a ver, de la gratitud que sentían ambos, del cariño que se tenían, de dónde podría volver a verle cuando terminara en Madrid…ella se sentía flotar cada vez más alto.

Cuando se despidieron se abrazaron fuertemente, él la sonrió y ella le lanzó un beso. Pero ella seguía triste y él se percató de ello. La preguntó qué le pasaba y le dijo que no quería perderle como amigo y él le respondió lo siguiente: “Eso nunca va a pasar. Sabes donde localizarme y si me escribes yo te voy a contestar”. A ella se le saltaron las lágrimas y no tuvo por menos que abrazarle mientras él sonreía. La vida no podía ser más maravillosa para la chica.

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Relato 13

Parecía que las caras del cartel que contemplaba la estuvieran hablando. Miraba entre aquellas cabezas buscando una en concreto. Una que la inspiraba. Y en la esquina inferior derecha del cartel la encontró. Una figura sentada en el suelo, vestida como los caballeros de la época medieval, y con la sonrisa que tanto le caracterizaba.

De repente el cielo tornó en una oscuridad profunda, las nubes empezaron a concentrarse. La chica, extrañada, miró el reloj. “Dios, no puede ser!!! ” – Exclamó. Había pasado tanto tiempo mientras contemplaba el cartel que no se había dado cuenta de la hora que era.

Esa noche había quedado con unos amigos y ya llegaba tarde. Llegó a casa, se cambió rápidamente de ropa, se maquilló y cogió las llaves del coche que tenía en la mesilla. Bajó a toda prisa las escaleras y llegó hasta el parking. Arrancó y puso la música. Al ritmo de la melodía que salía de sus labios sin consciencia alguna llegó rápidamente a la calle donde había quedado con esa gente.

Estaba diluviando. La lluvia caía con tal fuerza que parecía que el cielo se iba a romper. Era como si un globo de agua gigante se hubier pinchado sobre sus cabezas. Pero ella esperó fuera, no le importaba mojarse con tal de ver a esa gente.

De repente, una joven, atractiva, rubia y con voz muy dulce saludó  a la chica. Ella se alegró de verla y la preguntó qué tal estaba. La joven contestó que bien, pero extrañada incitó a la chica para que se metiera dentro. La chica sabía que dentro estaba la persona que esperaba, pero no quería molestar. La joven insistió tanto que la chica no tuvo más remedio que obedecerla, pero lo que la hizo cambiar de opinión fueron las palabras tan agradables que salieron de su boca: “¿qué vas a molestar? Si eres como de la familia, anda, métete dentro y le esperas ahí mujer”. ¿Le esperas ahí? ¿Cómo sabía esa joven a quien estaba esperando la chica? Sentía entre vergüenza y gratitud por las palabras de la joven, pero finalmente cedió y entró a los camerinos.

Una vez dentro un sin fin de melodías recorrían un largo pasillo hasta llegar a oídos de la chica, pero de entre todas esas voces pudo distinguir una en concreto, la que estaba esperando. Salió mucha gente y todos tenían una saludo para la chica. Ella era tan feliz simplemente con el hecho de que esa gente la saludara y se supiera su nombre que no podía haber premio mayor… Sí, sí lo había.

De repente el pasillo se quedó en silencio. La chica contempleba el cielo a través de la pequeña ventana que había en la puerta mientras pensaba. Veía dibujada en la parte de cielo abierto que había entre dos nubes la cara de aquel chaval. De repente mientras pensaba en él una dulce melodía silbada se oía por el final de aquel largo pasillo. Cada vez se oía más y más fuerte acompañada de unos pasos que iban incrementando su intensidad. De repente escuchó dos pisadas muy cerca de ella y un silencio absoluto. Ella, que seguía contemplando la ventana giró la cabeza lentamente y…allí estaba. La figura de un chico no mucho más mayor que la chica, contemplándola sonriente. Ella le devolvió la sonrisa, bajó apresurádamente las escaleras y ambos se fundieron en un cálido abrazo.

Él, que llevaba un gorro sobre la cabeza, en un gesto de cortesía se descubrió, dio dos besos a la chica y entablaron una amistosa conversación. Él le expresó su gratitud y cariño por venir a verle. Y ella le contestó que no tenía por qué darlas. Se lo había prometido y siempre cumplía lo que prometía. De repente él se quedó callado sonriéndo picarescamente a la chica por la palabras que acababa de oír: “Cuando gastas el dinero en alguien que te importa ganas momentos de felicidad, y creo que sale más rentable”. Ambos se miraron a los ojos sonriendo, pero de repente el silencio fue interrumpido por un simpático joven que bromeaba con la chica afirmando que si tuvieran alguna baja la llamarían inmediatamente para cubrir el papel. La chica reía con gestos de agradecimiento y su caballero desprendía una mirada esperanzada.

Al cabo de un rato los tres salieron por la puerta y el chico que había salido en última instancia se despidió de ambos. Se volvieron a quedar solos charlando de los próximos proyectos del chico. Por lo visto volvería a Madrid dentro de muy poco y ella podría volver a verle. La cara de ella desprendía una felicidad tal que él asentía con esa sonrisa pícara que le caracterizaba. Ella le abrazó y se despidieron hasta el viernes…cuando se volverían a ver.

Relato 12

La chica no hacía más que pensar y contar los días que faltaban con pena, con esa frustración que llega cuando no puedes hacer nada por arreglar algo que nunca se parará por nada ni por nadie: el tiempo. Después de un período de nervios, de no salir de casa y de agobios la chica por fin era libre, pero a medida que pasaban los días ella se sumía más en el dolor que le provocaba la próxima pérdida de aquellos que le gustaría llamar amigos aunque estrictamente no lo fueran.

Cuando acabó de marcar su última cruz en el examen final, el cielo tornó en una azul tan intenso como los ojos de su valiente caballero. Ni una nube adornaba el cielo, que brillaba en tonos azules y rayos amarillos del sol tan esplédido que había salido. Recogió rápido las cosas, cogió el coche y se fue a un lugar donde le gustaba pensar, donde simplemente era feliz con el mero hecho de observar a su alrededor: el teatro. Se sentó en las escaleras y se puso a pensar. Pensar en esa gente que trabajaba allí dentro, pensar en los buenos ratos que la habían hecho pasar. Pensar que alguna vez su sueño se haría realidad.

Entre divagaciones y sueños esperanzados recordó las palabras de una buena amiga y de repente sacó una libreta del bolsillo y se puso a escribir. Muchas veces solía hacer esto para poder vivir por unos segundos una realidad paralela que la transportaba a la felicidad más plena. La chica miró a su alrededor, miró el cartel que se hallaba a su lado con las caras felices de todo el reparto y comenzó a escribir una historia:

“Siempre hay que ser positivo, pues todo llega si se sabe esperar”- decía Bella. Jamás creería lo que iban a significar en su vida esas palabras hasta que un día ocurrió.

Una noche oscura, pero brillante por el resplandor de la luna y las estrellas que la acompañaban, Bella se hallaba en su terraza contemplando el cielo con esa mirada feliz y esperanzada que la caracterizaba. Pensaba, miraba y sonreía a su alrededor. Se fue a la cama pero dejó la ventana abierta. Le gustaba sentir el aire cálido del verano y ver las noches estrelladas propias de la estación.

Esa noche no pudo dormir. Tenía algo dentro de ella que le decía que algo nuevo iba a pasar, algo muy agradable, pero aun no sabía el qué.

Se fue a trabajar como cada día y en la rutina del trabajo observó a un hombre sentado solitario en la esquina del restaurante. Llevaba sombrero y gabardina (algo extraño para esa época) y apenas se le podía ver. Aparentaba una expresión de felicidad en su cara afilada y delgada. Y entre el hueco que dejaba el sombrero y la carta que sostenía se pudo apreciar que no paraba de contemplar a Bella.

Cuando acabó su trabajo se fue a casa pensado todo el tiempo en ese hombre tan extraño al que no era la primera vez que veían en el restaurante. Cuando llegó se cambió rápido de ropa, se arregló y se dispuso a coger el coche para recoger a unas amigas las cuales habían quedado para ir a un lugar apartado del mundo, un lugar donde la risa y el humor era lo más característico.

Cuando bajaron del coche Bella seguía pensando en aquel hombre. De repente un viento la azotó el cabello y la hizo girar la cabeza. Y allí donde se quedó su mirada le pareció ver al mismo hombre, pero sus amigas no veían nada. Ella estaba segura de haberlo visto. Decidieron seguir caminando por aquel lugar y al girarse ese hombre apareció como por arte de magia frente a ellas. Su rostro estaba tapado ligeramente por el sobrero. Ellas estaban asustadas, pero él se descubrió, se quitó el sombrero y la gabardina y un hombre de traje y corbata apareció como de la nada, como si de un truco de magia se tratase.

Bella, que era la más atrevida, se puso a hablar con él. Hablaron durante horas y cada palabra que salía de sus labios daba lugar a la creación de un sentimiento cada vez más profundo en sendos corazones. Tras largas horas de conversación, Bella le preguntó su nombre a lo que él respondió una frase que quedó grabada a fuego en su cerebro: “Me han dado muchos nombres a lo largo de mi vida, la gente cuando me ve sale huyendo. Está claro que mi cara refleja una realidad que no es cierta. Al fin y al cabo quién podría amar a una bestia”.

Bella se sorpredió y él, al ver su reacción, le contestó: “Sí, he dicho bestia. Me han llamado ya tantas cosas que creo que esa es la que menos me sobresalta”

Por lo visto el hombre no tenía muy buena fama por la aparencia física. Tenía una cara que reflejaba el odio y el miedo. Pero ella no tuvo por menos que contestarle: “Lo importante no es lo que la gente diga, si no lo que cada uno piensa en su interior. No se puede juzgar a alguien con sólo verle una vez. Hasta hace poco yo no lo sabía, pero tu me has hecho comprender que esta frase es verdad. No me importa tu nombre, y no espero que me lo digas. Sólo sé que he conocido a alguien inteligente, sencillo, sensible del que nunca me podré olvidar y espero que tú tampoco te olvides de mí”.

A la chica se le saltaron las lágrimas. Leía lo que había escrito en su libreta y no daba cuenta de ello. La inspiración que le proporcionaba ese lugar era algo mágico. De repente miró el reloj, recogió rápido sus cosas, se levantó y se quedó contemplando el cartel de aquel teatro de la Gran Vía pensando en el relato que acababa de escribir.

News al minute 8: Fernando Gil y Toni Viñals

¡Extra, extra, últimas noticias, las estamos dando, las estamos reeeeegalandooo!

Fer y Edu vuelven a las andadas con su obra “personajes de la calle” en el teatro Haagen Dazs. Parece ser que la obra va bastante bien y de momento podremos disfrutar una vez al mes con estos dos pedazo de actores y cómicos. Así que ya lo sabéis, si queréis pasar un buen rato pasaros por el Haagen Dazs el próximo día 5 de Marzo. Venga hombre, que cae en viernes…

Por otro lado Toni Viñals, quien actualmente forma parte del elenco de Spamalot (la cual finalizará el día 28 y os recomiendo que aprovechéis si no la habéis visto todavía), actuará el próximo día 17 de Abril en el Auditorio de Colmenar Viejo (Madrid) a las 20.00 h representando “Los hombres de Shakespeare”.

Así que ya sabéis, si queréis pasar un buen rato ya teneís plan y cita para marzo y abril con Fer, Edu y Toni.

Y hasta aquí las noticias de hoy, buenas noches y buena fuente.

News al minute 7: Víctor Ullate

Después de varios días desconectada del blog vuelvo a ponerme las pilas para contaros todas las novedades. Hoy toca hablar de Víctor Ullate.

Víctor, quien actualmente interpreta a Sir Robin en el divertido musical de la Gran Vía madrileña “Spamalot”, formará parte del jurado de “Mira Quien Baila” retransmitido por Telecinco los miércoles a las 22.00h y presentado por Pilar Rubio.

La verdad es que este programa ni me gusta ni me deja de gustar. Me gusta ver bailar a la gente y siempre se pueden aprender cosas nuevas. De lo que sí me alegro es porder seguir viendo, aunque sea en la televisión, al gran Víctor Ullate. Porque, a pesar de lo que diga la gente, es un hombre encantador, muy cercano y agradecido que hace su trabajo de la mejor forma posible y además con un punto de exigencia, que para mi es una gran virtud.

Os dejo un vídeo de él cantando “Can you feel the love tonight”, esa canción de Elton John que a todos nos sonará por la película de Walt Disney ” El Rey León”.

Y se acabó

Bueno, después de casi mes y medio de exámenes terminó la temporada de clausura. Es una liberación ese minuto de dejar el bolífgrafo sobre la mesa, dar el examen y salir de la clase y oir los gritos de euforia y los deseos de fiesta de todos los compañeros.

Hora toca una semanita de vacaciones…bueno, de no tener clases porque vacaciones…Tengo un montón de cosas por hacer y poco tiempo para ello. Pero las cosas que te gustan, las haces sin esfuerzo y con ganas.

A partir de ahora volveré a actualizar más amenudo que tengo muchas cosas que contaros: programas, obras de teatro que recomendaros, detalles de buena gente.. en fin. Muchas cositas que han pasado desde el 31 de Diciembre.