Relato 12

La chica no hacía más que pensar y contar los días que faltaban con pena, con esa frustración que llega cuando no puedes hacer nada por arreglar algo que nunca se parará por nada ni por nadie: el tiempo. Después de un período de nervios, de no salir de casa y de agobios la chica por fin era libre, pero a medida que pasaban los días ella se sumía más en el dolor que le provocaba la próxima pérdida de aquellos que le gustaría llamar amigos aunque estrictamente no lo fueran.

Cuando acabó de marcar su última cruz en el examen final, el cielo tornó en una azul tan intenso como los ojos de su valiente caballero. Ni una nube adornaba el cielo, que brillaba en tonos azules y rayos amarillos del sol tan esplédido que había salido. Recogió rápido las cosas, cogió el coche y se fue a un lugar donde le gustaba pensar, donde simplemente era feliz con el mero hecho de observar a su alrededor: el teatro. Se sentó en las escaleras y se puso a pensar. Pensar en esa gente que trabajaba allí dentro, pensar en los buenos ratos que la habían hecho pasar. Pensar que alguna vez su sueño se haría realidad.

Entre divagaciones y sueños esperanzados recordó las palabras de una buena amiga y de repente sacó una libreta del bolsillo y se puso a escribir. Muchas veces solía hacer esto para poder vivir por unos segundos una realidad paralela que la transportaba a la felicidad más plena. La chica miró a su alrededor, miró el cartel que se hallaba a su lado con las caras felices de todo el reparto y comenzó a escribir una historia:

“Siempre hay que ser positivo, pues todo llega si se sabe esperar”- decía Bella. Jamás creería lo que iban a significar en su vida esas palabras hasta que un día ocurrió.

Una noche oscura, pero brillante por el resplandor de la luna y las estrellas que la acompañaban, Bella se hallaba en su terraza contemplando el cielo con esa mirada feliz y esperanzada que la caracterizaba. Pensaba, miraba y sonreía a su alrededor. Se fue a la cama pero dejó la ventana abierta. Le gustaba sentir el aire cálido del verano y ver las noches estrelladas propias de la estación.

Esa noche no pudo dormir. Tenía algo dentro de ella que le decía que algo nuevo iba a pasar, algo muy agradable, pero aun no sabía el qué.

Se fue a trabajar como cada día y en la rutina del trabajo observó a un hombre sentado solitario en la esquina del restaurante. Llevaba sombrero y gabardina (algo extraño para esa época) y apenas se le podía ver. Aparentaba una expresión de felicidad en su cara afilada y delgada. Y entre el hueco que dejaba el sombrero y la carta que sostenía se pudo apreciar que no paraba de contemplar a Bella.

Cuando acabó su trabajo se fue a casa pensado todo el tiempo en ese hombre tan extraño al que no era la primera vez que veían en el restaurante. Cuando llegó se cambió rápido de ropa, se arregló y se dispuso a coger el coche para recoger a unas amigas las cuales habían quedado para ir a un lugar apartado del mundo, un lugar donde la risa y el humor era lo más característico.

Cuando bajaron del coche Bella seguía pensando en aquel hombre. De repente un viento la azotó el cabello y la hizo girar la cabeza. Y allí donde se quedó su mirada le pareció ver al mismo hombre, pero sus amigas no veían nada. Ella estaba segura de haberlo visto. Decidieron seguir caminando por aquel lugar y al girarse ese hombre apareció como por arte de magia frente a ellas. Su rostro estaba tapado ligeramente por el sobrero. Ellas estaban asustadas, pero él se descubrió, se quitó el sombrero y la gabardina y un hombre de traje y corbata apareció como de la nada, como si de un truco de magia se tratase.

Bella, que era la más atrevida, se puso a hablar con él. Hablaron durante horas y cada palabra que salía de sus labios daba lugar a la creación de un sentimiento cada vez más profundo en sendos corazones. Tras largas horas de conversación, Bella le preguntó su nombre a lo que él respondió una frase que quedó grabada a fuego en su cerebro: “Me han dado muchos nombres a lo largo de mi vida, la gente cuando me ve sale huyendo. Está claro que mi cara refleja una realidad que no es cierta. Al fin y al cabo quién podría amar a una bestia”.

Bella se sorpredió y él, al ver su reacción, le contestó: “Sí, he dicho bestia. Me han llamado ya tantas cosas que creo que esa es la que menos me sobresalta”

Por lo visto el hombre no tenía muy buena fama por la aparencia física. Tenía una cara que reflejaba el odio y el miedo. Pero ella no tuvo por menos que contestarle: “Lo importante no es lo que la gente diga, si no lo que cada uno piensa en su interior. No se puede juzgar a alguien con sólo verle una vez. Hasta hace poco yo no lo sabía, pero tu me has hecho comprender que esta frase es verdad. No me importa tu nombre, y no espero que me lo digas. Sólo sé que he conocido a alguien inteligente, sencillo, sensible del que nunca me podré olvidar y espero que tú tampoco te olvides de mí”.

A la chica se le saltaron las lágrimas. Leía lo que había escrito en su libreta y no daba cuenta de ello. La inspiración que le proporcionaba ese lugar era algo mágico. De repente miró el reloj, recogió rápido sus cosas, se levantó y se quedó contemplando el cartel de aquel teatro de la Gran Vía pensando en el relato que acababa de escribir.

4 Respuestas a “Relato 12

  1. pfff joder yani….. que bonito relato, qe profundo, que sentimental, es increible!!! Cada dia escribes mejor …!!!!!

    hay la chica esta… que bonita historia la de la Bella…. seguira adelante? quedara estancada?
    aiiiiiiiiiiiiiii

    besitus guapa!

  2. Si, la verdad es que la chica del relato cuando pilla la inspiración… Sie vuelve a hacer un día bueno en el que pueda escribir en las puertas del teatro…quien sabe. Lo mismo la historia, dentro de la historia continúa😄

  3. No hay palabras Yanira!!! Tienes dotes para escribir, no lo dudes!;)
    Bella y Bestia… ainsss! Bestia, el “hombre perfecto”. Y Bella… nuestra sencilla y querida Bella.
    Petuneets!

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