Relato 15

Pasaban los minutos, las horas y los días juntos. No había día, de los últimos que quedaban que ella no fuera a verle. Además ahora era el protagonista. Su joven y atractivo caballero estaría en la función cada noche. Charlaban, reían, se abrazaban…Todo era perfecto.

 De repente ella se armó de valor y le dijo: “¿Te apetece tomar algo el domingo en plan despedida de la última función?”.  Él sonrió y contestó: “Hombre, lo que podemos hacer es tomar algo aquí, que nos invita el teatro a una copita”. No estaba creyendo lo que oía. La estaba invitando a la fiesta de final de obra. Estaba anonadada con las palabras de su caballero. Ella aceptó sin dudarlo y sólo estaba esperando que ese momento llegara, aunque sabía que sería el último.

Cuando llegó el día ella estaba muy nerviosa. Estuvo 2 horas preparándose, maquillándose, poniéndose guapa para su caballero. Y allí, en el Hall del teatro, miraba esperanzada e ilusionada a su alrededor esperándole.

Empezaba a llegar gente pero no la persona que esperaba. De repente un amigo suyo le dice. “mira, por allí viene tu querido actor” . Ella se volvió, se miraron y ambos sonreían. Se acercaron y se fundieron en un gran abrazo. Hablaron toda la noche, estuvieron juntos, sonriendo, hablando de sus cosas… ¡Menuda noche más maravillosa!

De repente una dulce melodía sonaba de fondo. Era la alarma de su móvil. ¿Todo había sido un sueño? No. Eso había ocurrido de verdad, pero desde que eso pasó ella no soñaba con otra cosa. Cada noche revivía esos últimos momentos que pasó con él. Hasta la despedida estuvo cargada de emotividad, amistad y cariño.

Apagó la alarma y observó un mensaje en el móvil que ponía: “Obra a las 20 h”. ¡Es verdad, era hoy! Había pasado un mes y medio desde la última vez que vio a su caballero y hoy por fin volvería a verle, pues él regresaba a madrid con otra obra que pintaba muy bien. 

Ella había imaginado muchas veces como sería el reencuentro. ¿Se acordaría de ella? ¿Seguiría teniéndole el mismo cariño? Ella no había dejado de pensar en él ni un solo día. Ya tenía ganas de poder abrazarle de nuevo.

Las horas pasaban lentamente. El segundero parecía ralentizarse en su movimiento circular. Cuando llegaron las 5 de la tarde, se empezó a vestir y decidió irse al teatro para ver llegar a su caballero. Cogió las llaves del coche y puso rumbo hacía el horizonte. El cielo empezaba a clarear y las nubes negras empezaban a disiparse.

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