Relato 16

Cuando llegó a aquel pueblo de las afueras de Madrid estaba empezando a brillar el sol con un naranja muy intenso y la temperatura empezaba a subir.

La fachada del teatro era una cristalera y la calle se reflejaba en ella con gran claridad. Ella la observaba y miraba el cartel de la obra que iba a ver. Allí estaba su caballero, era uno de los protagonistas. Los ojos de la chica decían más que las propias palabras. Contemplaba la cara de su caballero con ilusión, admiración y felicidad. De pronto, algo se movía en la cristalera. Tres figuras se acercaban al teatro y ella pudo reconocer la cazadora azul de su caballero. ¡Era él! ¡Ya estaba aquí! Por fin…tenía tantas ganas de verle…

Él llegó, contemplo el cartel de su obra y sin dejar de mirarlo dijo: “¡Hola! Te he visto por el reflejo”. Ella sintió como el corazón le latía a mil por hora y no pudo más que mostrar una gran sonrisa y abrazarle. Estaba en un estado catatónico. No era capaz de pronunciar palabra de los puros nervios que sentía. Pero él supo llevar la conversación a buen puerto hasta que se despidieron porque tenía que ensayar. “Bueno, me voy para dentro. Luego nos vemos” – dijo él. Ya no importaba nada. Todo lo malo se había esfumado como una nube de humo. Era feliz. Estaba otra vez junto a su caballero.

Pasaron dos horas y por fin entró en la sala. Era preciosa…y enorme. El público iba entrando y ella no podía sentarse. Estaba tan nerviosa que no podía más que andar por el hall hasta que llegara la hora. Al rato sonó una campana que anunciaba el comienzo de la función. Se sentó en primera fila. Su cara dibujaba una sonrisa más amplia a cada segundo que pasaba. Se apagaron las luces de sala y su caballero apareció en escena.

La obra era muy entretenida pero ella estaba embelesada con la capacidad interpretativa de ese joven. Tenía una mirada tan profunda…“Una mirada de actor. Tiene mirada de actor”– pensaba ella. Cuando terminó el público rompió en aplausos y ella se sentía orgullosa. Los comentarios de la gente no escatimaban en elogios hacia su joven actor y el resto del reparto. Las voces, la interpretación…todo era digno de elogio.

Cuando salió del teatro estaba lloviendo, pero no le importaba. Su caballero le había dicho por donde saldría y allí decidió esperar. Al cabo de un rato la lluvia se iba haciendo más intensa. Miraba hacía el lugar por donde saldría, pero allí no había nadie. Solo una luz que emitía sombras en movimiento. De repente, una figura apareció de esa luz, salió a la calle y se aproximaba a la chica. Ella reconoció la cazadora y elevó la mirada hasta el rostro de la figura. ¡Era él! ¡Su joven actor había salido a buscarla bajo la lluvia! Ella estaba impresionada con el comportamiento de su caballero. Tenía tantos detallazos con ella… Ella le saludó y empezaron a hablar, pero la lluvia se hacía cada vez más intensa. Él la llevó dentro del teatro y le presentó a la compañía. Era gente muy maja.

Una vez dentro, él empezó a recoger el decorado y el atrezzo de la obra. Ella le ayudó, pero cuando tuvieron que pisar el escenario ella se quedó en el medio contemplando las butacas, imáginandose al público, sintiendo el suelo y se vio a sí misma interpretando cientos de papeles y soñando con que algún día pudiera trabajar de ello. Él se percató. La rodeó con su brazo y la dijo: “Impresiona, ¿eh? La verdad es que es una sensación muy agradable”. Ella asentía con la cabeza con una mirada esperanzada.

Después estuvieron hablando un buen rato. Hacía mucho que no se veían y tenían muchas cosas que contarse, proyectos que compartir, miradas y sonrisas que intercambiar…Ella estaba en una nube. Era feliz. Su caballero estaba otra vez cerca.

Cargaron todo en la furgoneta y la compañía decidió cenar algo  por el centro. Ella había traido su coche así que no le importaba acercarles. Se repartieron en los coches, pero su joven caballero decidió irse a la habitación. Estaba muy cansado y tenía muchas cosas que preparar y estudiar. Ella lo comprendía. Sabía que tenía mucho curro y en el fondo ella se alegraba de ello, pues así le seguiría viendo en otros proyectos.

Se despidieron. Él le dio las gracias por venir y se dieron un fuerte abrazo. Pero ella no estaba triste. Sabía que al día siguiente volvería a verle.

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