Relato 19 (2ª Parte)

Las luces de la calle animaban aún más a la chica. Cuando llegó al teatro se quedó fascinada con su belleza. Era increíble. Un teatro grande, muy bien cuidado y precioso. Todo estaba decorado y colocado para promocionar el evento. Pasó la puerta y se puso a observar a su alrededor. Era increíble. Lo había visto en fotografías pero no se podía imaginar la diferencia que suponía verlo en directo.

A continuación se dirigió a la zona de merchandising para comprar algunas cositas. Siempre le gustaba llevarse algún recuerdo de las obras a las que iba a ver. Y finalmente pasó a la sala. El espacio era enorme. La chica que la atendió le anunció que la primera fila se había eliminado y que estaría ubicada en primera fila. La chica ya no cabía en sí de la emoción.

La música empezaba a sonar, las luces de sala fueron reduciendo progresivamente su intensidad hasta oscurecerse por completo y su abogado salió a escena. Tanto tiempo sin verle y ahora que lo tenía delante no podía evitar pensar solamente en él. En ese momento el resto de las preocupaciones o pensamientos que pudiera tener se había borrado de repente. “Está guapísimo” – pensaba ella.

Hubo una presentación y su abogado fue el primero. Se fueron presentando uno por uno los personajes y de repente una música empezó a sonar aumentando su intensidad y allí salió otra vez su abogado bailando. Le encantaba verle bailar y cantar. Era un lujazo y aprendía mucho con él. De repente, le tocaba cantar a su abogado y cuando le tocaba decir la frase se quedó mirando a la chica disimuladamente dedicándola una amplia sonrisa. La chica ya iba a reventar de la emoción. Durante la obra chica no paraba de reir.  El papel de su abogado le iba muy bien y disfrutó mucho con sus escenas.

Como de costumbre su caballero (ahora abogado) tuvo muchos detalles en el escenario. Los guiños y gestos no pudieron faltar. Al finalizar la obra ella no pudo aguantar más y, cuando le tocaba saludar a él, ella se levantó de su asiento y rompió en aplausos y vítores. Le lanzó un beso y él se lo devolvió.

A la salida le esperó, como de costumbre, y ella se descubrió la cabeza (se había comprado una gorra sólo para eso). Le felicitó por su trabajo en la obra. Pero tenía tantas ganas de abrazarle que no aguantó más y se tiró a sus brazos. En ese momento la chica notó como el tiempo se paraba como si quisiera que disfrutara de ese abrazo que tan fuertemente se estaban dando.

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