T’estimo, Barcelona!

Me gustaría tener que volver a este blog para contar cosas alegres, pero me temo que 20882180_1002467819855822_1128403486336067635_nésta no va a ser la ocasión.

Lo ocurrido ayer en el atentado de Barcelona es una noticia triste, sin duda. La frustración y la impotencia son dos sentimientos que no deberían existir. Tener que ver cómo se acaba, sin ningún motivo, con vidas humanas y no poder hacer nada. ¿Y luego la vida es justa? ¿El karma? ¿Qué justicia van a tener esas personas? Sí, algunos están detenidos o muertos…¿Eso va a devolver a la vida a las víctimas de ayer? No.

Sólo ha habido dos momentos en mi vida que lo he pasado realmente mal, y ayer fue uno de ellos. Barcelona es mi hogar y las personas que allí se encuentran, mi familia. Nadie y ningún lugar me ha hecho sentir tan feliz nunca. Y el simple hecho de pensar que les podía haber pasado algo…no quiero ni volver a imaginármelo. Por unas horas estuve con un nudo en el estómago. ¡Benditas redes sociales y bendita tecnología! Por suerte todos se encuentran bien, pero ¿y las personas que no? Esas personas que intentarán localizar y su llamada no será contestada… En momentos así el corazón se te queda en un puño.

Pero no sé qué es peor, si lo ocurrido ayer o todo lo que ha generado a su alrededor:

  • Gente molesta por que se hacían declaraciones en catalán.
  • Grabaciones del momento de la tragedia.
  • Tweets insultando a los catalanes.
  • Comentarios jocosos y mofas sobre catalanes e islamistas
  • etc.

¿Y de verdad nos sorprendemos por lo ocurrido ayer después de todo esto? ¡Estoy harta! No todo el mundo se encuentra en el mismo saco y no todo el mundo es igual. No podemos juzgar a una comunidad por tres o cuatros locos que, por desgracia, forman parte de la misma. Si lo vamos a hacer, metámonos todos en el mismo saco, porque todos somos seres humanos y todos estamos cometiendo ese error. El error de no denunciar esa falta de humanidad, esa falta de corazón.

Sientro tristeza y rabia por lo ocurrido ayer en Barcelona, pero aun siento más tristeza por toda esa gente que se mofa de la tragedia, que con su falta de respeto hiere más la sensibilidad de las personas. ¿Acaba de morir gente y nos preocupa que se estén haciendo unas declaraciones en catalán? ¿En serio, es lo prioritario? ¡Qué pena!

Por suerte hoy leo noticias también de esperanza. De gente volcada ayudando a las personas retenidas en carreteras, que no podía volver a sus casas. Por mucha oscuridad que haya siempre hay un hilo de luz y esperanza en el ser humano. Porque NO TODOS SOMOS IGUALES.

El meu cor SEMPRE amb Barcelona. ¡No tenim por! ¡No ens poden espantar amb les seves pors, avui serem vencedors! ¡T’estimo, Barcelona, casa meva!

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“Detrás de las cámaras”

Hoy venimos con un poco de “crítica social”, si es que se le puede llamar así. Más bien un darnos cuenta, ser conscientes…no sé cómo llamarlo. Dejémoslo en ¿conciencia social actoral?.

Ser actor es una profesión preciosa. Creo que es de las pocas que te llena. La palabra es plenitud. Yo cuando estoy en un escenario no puedo desear nada más. Estoy feliz. Pero nadie es consciente de todo lo que conlleva esta profesión. Hay muchos frentes para debatir, pero vamos a centrarnos en dos: los precios y la realidad de esta profesión.

Los Precios

Todos nos quejamos de lo caro que está el teatro, el cine… Aunque ahora con la bajada del IVA cultural esperemos que sea un poco más asequible. Pero, ¿nos hemos parado a pensar toda la inversión que conlleva un espectáculo de teatro musical, por ejemplo? ¿Una película? Escenografía, vestuario, ensayos, lugares de ensayo, curso específicos (dependiendo si el espectáculo requiere de un aprendizaje en concreto), actores, técnicos, dirección, teatro, maquinaria, limpieza, personal de sala, atrezzo…Todo esto es dinero. Si te paras a pensar hasta me parece barato lo que pagamos por una entrada. No quiero decir con esto que ahora suban el precio de las entradas. Como están está muy bien. Pero sí que nos demos cuenta a la hora de quejarnos. Que nos quejamos por todo (y yo la primera).

Seamos realistas, la gente no va al teatro porque no tenemos una cultura teatral arraigada. Preferimos gastarnos el dinero en una cena o en unas copas (que muchas veces sale más caro que la propia entrada de teatro) que en cultura, de cualquier tipo. Y eso es muy triste.

La profesión

El pensamiento global de la gente es: eres actor = estás forrado. Bueno, depende. La diferencia está en el medio en el que trabajes.
Esta profesión, como decía, es maravillosa. Pero la realidad ( y en datos estadísticos) es que sólo el 8% de la profesión puede vivir relajadamente de ella. El resto malvivimos.

Si tienes suerte y trabajas en televisión puedes vivir un poco más desahogado. Pero, como todo, esta profesión no es nada estable. Ya sabéis, el topicazo de “hoy estás aquí, mañana allí”. Y es cierto. Puedes tener suerte y trabajar durante muchos años en televisión y convertirte en el icono del medio o salir en una serie y que no se te vuela a ver el pelo.

En teatro la situación es la misma, pero con sueldos más normalitos. Misma precariedad, misma incertidumbre, misma inestabilidad…Muchas veces tienes la suerte de estar en un proyecto durante una larga temporada y después lo mismo no trabajas en vete tú a saber cuanto tiempo. O incluso llegar a que se caigan proyectos. Estar dentro de uno, ensayar, incluso llegar a actuar y que de repente se decida que ese proyecto no puede continuar.

Y no hablemos ya de otros medios como la publicidad, que nunca sabes cuando la vas a cobrar…Que hay de todo. A veces la cobras puntual, otras a mes vencido, otras nunca…

El resumen de todo esto es que valoremos la profesión y a las personas que luchan por ella y que se dedican a ella en cuerpo y alma. Oigo muchos comentarios últimamente rebajando la profesión a un mero hobby. Sí, lo es. Es mi hobby y mi pasión, pero también es mi profesión. No es menos importante que ser médico. Es muy dura, requiere de mucho esfuerzo durante toda la vida. Requiere estar en forma tanto física como mentalmente. Sobre todo mentalmente. Hay que estar muy preparado para encajar un “no” en un casting (quien dice uno dice miles) y saber seguir adelante y encontrar la fuerza para ello. Y no sólo eso, si no encontrar el coraje para trabajar por mejorar tanto tus puntos débiles como puntos fuertes.

Insisto que no es una queja. Al contrario. Simplemente quiero defender mi profesión. Que somos muchos luchando por ella para que caiga en decadencia. No olvidemos que el objetivo de nuestra profesión es entretener al público, hacerle reflexionar o simplemente hacerse olvidar de los problemas que tiene. Hacerle reír, hacerle llorar. Hacerle sentir. ¿Hay algo más bonito?

Fins quan…?

¡Hola! Sí, sigo viva. Pero últimamente tengo tantos pensamientos y sentimientos en la cabeza que me veo incapaz de escribir nada. Esta es la tercera vez que me siento delante del ordenador a intenta retomar mi blog. Así que le daremos la razón al refrán y ésta tercera será “la vencida”.

En cuanto al título de esta entrada no os preocupéis que no empezaré a escribir en catalán (y no será por falta de ganas si no por falta de cultura ortográfica en lo referente a esa lengua. Todavía me sigue costando mucho la acentuación y ahora que han eliminado los acentos diacríticos…yo ya me he terminado de liar. Pero no veo el día en que pueda abrir un blog en catalán).

Como os estaba contando, el título de esta entrada hace referencia a unos versos de la canción “Guapos i Pobres” del musical del mismo título. Sí, qué sería mi vida sin la banda sonora que siempre me acompaña: los musicales. Encuentras formas de expresar sentimientos para todos los gustos. Es por ello que en los musicales hay canciones. Cuando las palabras ya no sirven o no tienen la suficiente fuerza para expresar lo que sientes, los personajes cantan. Cosa que muchos no entienden (y hasta ven absurdo), pero es una forma preciosa de sacar todo lo que nos oprime, lo que nos corroe por dentro, o lo que nos hace estar pletóricos de alegría. ¿Cuántas veces habéis estado agotados, tristes, furiosos…y os habéis puesto a cantar? Yo muchas, y la verdad es que es la mejor terapia. Pero, como dice el título de esta entrada: ¿Fins quan? ¿Hasta cuándo?

Hasta cuándo vamos a tener como excusa esos bailes y esas canciones en los que liberamos esa energía retenida, esas ganas de expresar, de soltar, de explotar…de decir te quiero.

Creo que (y volviendo a citar una canción de musicales) es hora de desafiar la gravedad, de atreverse, de expresar, no sólo en la intimidad de tu dormitorio. ¿Hasta cuándo vamos a esperar para ser libres? ¿Hasta cuándo vamos a esperar en esa zona de confort en la que, en el fondo, no hay comodidad ninguna? Hace poco leía en un libro que decía que “sólo es feliz quien es libre. Y sólo es libre quien es el que ha de ser”. Pues yo no soy quien he de ser sin expresar lo que siento. Es algo que me corroe por dentro y me va matando poco a poco. Pero creo que ha llegado la hora de hacer llegar esos sentimientos. Al fin y al cabo es mejor una decepción a tiempo que ser un ignorante toda tu vida. De lo primero te recuperas. Lo segundo te va consumiendo poco a poco.

Y después de este vómito de ideas que necesitaba plasmar en este blog para ordenar de alguna manera en mi cabeza, sólo me queda haceros una pregunta a vosotros:
¿Hasta cuándo?

Y ya que os lo he mencionado os adjunto la canción que me ha llevado a esta reflexión: