Fins Aviat…Vaixell

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Parece mentira, pero sí. Llegó el día. Ese día en el que se acaba la temporada. Ese día en que tienes que despedirte de muchas cosas y gente. Ese día…DE MIERDA! ¡Seamos claros! Es un día de mierda lo mires por donde lo mires.

El pasado 10 de Enero el barco de Mar i Cel zarpó por ultima vez en el Teatro Victòria con una función redonda llena de emociones y sentimientos. Fue una función preciosa pero yo no puedo con las funciones finales. Es superior a mi. Y  diréis: ¿para que vas? Pues tenéis razón. Pero también es superior a mi no estar el último día que actúa el mejor amigo y profesional que se puede tener. Es superior a mi no estar cuando has conocido a tanta gente interesante y de que que se ha aprendido muchísimo. Es superior a mi no estar en uno de los musicales que más me ha marcado desde “Spamalot”… Si, amigos. Tenemos un Spamalot 2.0 y ese ha sido “Mar i Cel”.

Ha sido un musical muy especial en muchos sentidos:

-Para empezar la historia. Una historia de hace siglos pero que (por desgracia) sigue siendo muy actual.

El teatro: El teatre Victòria es como una segunda casa (¡Anda  mira! Como el Lope de Vega). He pasado muchas noches y vivido grandes momentos en ese teatro tanto encima como abajo del escenario. Espero que alguna vez los pueda vivir también como actriz y no solo como espectadora.

El Elenco: desde el primer día me dejó con la boca abierta y del que me llevo muchas lecciones tanto de vida como de profesión. Muchas veces me daba rabia que salieran algunos de golpe porque no podía hablar con todos. Pero todos y cada uno me han enseñado muchísimas cosas con sus personajes y con sus consejos. Creo que se ha creado una gran familia en ese elenco y se notaba a la hora de salir al escenario. Dagoll Dagom tiene esa magia. Por eso es un referente para mi en cuanto a compañía teatrales. Desde luego se les va a echar mucho de menos…¡a todos!

– La Orquesta: Las risas que me he podido echar con estos músicos no las cambio por nada. Las lecciones del Maestro Vives, las conversaciones con Montse, Dolors, Marc…, los momentos de averiguar qué canción de dagoll dagom estaban tocando…

La gente de sala: otros sin los cuales los teatros no pueden funcionar. Ninguna profesión en el teatro es medriocre por pequeña que sea. Cada uno interpreta su papel y hace su trabajo. Todo forma parte de un engranaje y si una pieza falla el resto del circuito no funciona.

En fin…podría pasar horas y horas hablando y halagando el trabajo de cada uno pero no hace falta. El musical y cada uno de sus integrantes hablan por si solos y no hace falta mencionar que ha sido un exitazo. Ojalá se hicieran más musicales así en España. Este desde luego siempre será el musical catalán por excelencia y el Himne dels pirates un himno nacional, y con razón.

¡Gràcies per aquest muntatge, Dagoll Dagom! I com heu dit: “Fins Aviat…Vaixell”

Les veles s’inflaran, el vent ens portarà com un cavall desbocat per les ones”

Realidad Paralela

Yo cada día estoy convencida de que vivo en una realidad paralela. Que no vivo lo mismo que los demás. O eso, o que cierta gentuza, porque no merece otro nombre, tienen un gran poder de manipulación. Está claro que me quedo con la segunda opción. Sobre todo teniendo en cuenta la estadística y el porcentaje de gente que opina igual que yo.

Estamos en una época de grave crisis económica, pero me parece que no sólo es económica si no humana. Cada día se van perdiendo más y más valores que de pequeños tanto nos remarcaban. Hoy en día ya no existen. No existe el respeto a la gente, ni la igualdad. El objetivo de hoy en día ya no es “ayuda a tu prójimo”, ahora es “jode y pisotea a tu prójimo lo máximo que puedas, esa es la única manera de triunfar en la vida”. Cada día me doy cuenta que si no pisas al que tienes al lado no vas a conseguir nada. Pero desde luego no pienso seguir a ese porcentaje de gente, que espero, sea mínimo. Y estoy convencida de que es el mínimo.

Si hiciera una recopilación de toda la gente que he conocido en mi vida, el porcentaje de gentuza realmente es miserable. Por eso pienso seguir luchando porque no crezca ese porcentaje de gente prepotente, altiva y arrogante. Se que es una idea muy quijotesca y desde luego no lo hago por mí. Este tipo de gente es mejor no hacerla caso. Lo hago porque todo el mundo se merece un respeto.  Tanto a sus ideas como sus acciones.

Me parece mentira que niñatas de la misma edad que la tuya tengan tanto aire de arrogancia cuando ni siquiera saben lo que es el mundo, cómo va y cómo funciona. Se creen maduras y lo que realmente demuestran es tener la edad de un niño de guardería. Gente así, que lo único que hace es crear mal rollo, no se merece la existencia. Pero como en este mundo tiene que haber de todo, pues no me queda más remedio que vivir con ello e intentar remediarlo.

Me alegro que ese tipo de gente exista. Y diréis, “Yanira se ha vuelto loca. Lleva media hora diciendo que ese tipo de gente no debería existir y ahora sale con estas”. Sí, tenéis razón. Pero me gusta que existan al fin y al cabo. ¿Sabéis por qué? Porque así puedo coger a las futuras generaciones y decirles: “mirad, ¿véis esa gente? Pues no imitéis nunca su forma de ser. Sed mejor como esos actores o esos humoristas a los que tanto quiero y admiro. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ellos tiene la oportunidad de mirar por encima del hombro a la gente y no lo hacen PORQUE SON BUENA GENTE.

¿Ridículo? ¿Qué es eso?

El sentido de ridículo es algo que todo el mundo debería perder, al menos de cierta manera. No sirve para nada, sólo te cohíbe y eso no es bueno. Uno tiene que ser libre de hacer lo que le venga en gana, siempre que haya respeto y no se moleste a nadie, claro.

Yo estoy convencida de que mi sentido del ridículo se perdió algún día por ahí y no me dio tiempo ni a despedirme de él. Llámalo sentido del ridículo, llámalo vergüenza. Mejor. Casi lo prefiero así. Aunque sigo siendo vergonzosa en algunos aspectos. Pero uno se arma de valor y esa vergüenza se deja de lado. Sobre todo si estás con amigos y gente que te transmite confianza. Así que si estáis conmigo puede ser que acabe haciendo algo por el estilo:

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¿Ridículo? Puede ser. Pero…¿Y lo bien que nos lo pasamos qué?

Creatividad o aburrimiento

Un trabajo sabes que se convierte en tal cuando te lo mandan desde una institución (colegio, universidad…). Normalmente cuando te aburres te pones a chafardear con el ordenador y muchas veces intentas montar vídeos o hacer montajes con fotos. Eso lo haces por aburrimiento.

Sin embargo cuando te mandan algo para clase ya no es por aburrimiento. Pero el trabajo se convierte en aburrido. Y el trabajo pasa a ser de algo gracioso que se te ha ocurrido a algo creativo.

Este es el resultado de momentos de aburrimiento mezclado con un poco de trabajo.

Cómo lavarse la cara

Hace unos días que tengo un nuevo compañero de cuarto. Es muy limpio y no me da mucho trabajo (Spooky tenía su gracia pero decidió abandonarme para salir con un tal bolsa de plástico. Me comentó que iban a un local que se llama vertedero). Además hace compañía que siempre viene bien.  Pero siempre le observo por la mañana y me gusta ver cómo se lava la cara. Es tan meticuloso en su higiene personal que ya he empezado a asimilarlo. Lo que pasa que esto de cambiar el jabón por saliva…no sé yo si va a ir muy bien…

Con ganas

¿Con ganas de qué? Supongo que os estaréis preguntando eso, ¿no? Si no es así es que no sois muy curiosos. Eso puede ser bueno o malo. Para a mi forma de ver es malo, por lo menos inquietante, porque como decía mi profesor de filosofía: “siempre hay que tener un cierto punto de curiosidad (todo en exceso es malo), unas ganas de querer conocer, de preguntarse el porqué de las cosas, sólo así llegaremos a ser buenos filósofos”. Pero eso es extensible a otras profesiones. En mi oficio, si no tienes interés, al menos un cierto grado de curiosidad por las cosas, y eres como un cactus, puesto en el alféizar de la ventana viendo pasar el mundo, malo.

Pero temas a parte, aunque relacionado con eso, ya va habiendo ganas de empezar el nuevo curso. Y diréis: “¿Dios santo, pero qué dice esta loca? ¿Le han practicado una lobotomía? ¿Qué dice de que quiere empezar el curso, con los exámenes otra vez, los madrugones y la rutina?” Pues si. Me apetece todo eso. Bueno, lo de los exámenes…todavía estoy negociando con mi cerebro si esto ha sido fruto de la efusividad.

Me apetece descubrir las nuevas asignaturas de este año, los nuevos profesores, aprender cosas nuevas (que cada vez se van haciendo más amenas) y por supuesto me apetece volver a ver a mis compañeros. Porque como dice mi queridísimo Andreu Buenafuente: “los compañeros del trabajo son como la ducha…a los 15 días se le echa en falta”

Al fin y al cabo ¿qué es la vida sin esta rutina que te aporta todo tipo de emociones? ¿Os imagináis la vida todo el día en casa, tumbados, viendo la tele, leyendo o lo que sea, quedando con los amigos, yendo a la playa, de fiestas por la noches sin niguna preocupación…? Oye, pues a lo mejor no está tan mal. Pero si esto fuera así seguramente significaría que estaríamos en el paro y con los tiempos que corren el mayor regalo es estar en activo.