Orgullo, honor y placer (parte 1)

Si buscamos en el diccionario estas tres palabras (buscadlas anda, no me hagáis hacer un corta-pega) sólo la primera tiene connotaciones negativas. Pero cuando se siente hacia otras personas, ¿se considera como tal?

No me oiréis mencionar mucho la palabra orgullo. Sólo la suelo utilizar para referirme a una persona. Una persona que tengo el honor de llamar amigo. Una persona que es un placer ver encima de un escenario. Un persona que tengo el honor de tener en mi vida y que es un placer compartir el tiempo con él. Como dirían en Catalunya..”no cal que digui qui es, oi” (no hace falta que diga quien es).

Pero hoy soy capaz de decir que hace unos meses, en el escenario de Scaena, estuve orgullosa y tuve el honor y el placer de realizar un fin de curso inolvidable.

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Pocas veces (por no decir ninguna) me veréis sentir orgullo de algo mío (es lo que tiene ser tan perfeccionista, que nunca nada acaba de estar perfecto). Pero después del trabajo realizado en la pantomima del Rey León…no me queda más remedio que estarlo.

Cuando era pequeña imaginaba que era Simba. Mi cuarto eran las tierras del reino y mi cama la roca del rey. Y aun hoy lo siguen siendo. Nunca entendí (y aun sido sin entender) que es lo que me unió tanto a esa película y a sus personajes, pero desde entonces hemos estados juntos. Todo fue más lejos cuando vi el musical del mismo en octubre de 2011. La escenografía, el atrezzo, los movimientos de los actores y las máscaras…Todo me hacía volver a esa infancia en la que todo era posible. La máscara de Simba me hizo sentir esa fuerza que tenía de pequeña al imitar ese personaje. Aunque ya metida en la profesión sabía que nunca podría interpretar ese papel. Hay veces que tienes que admitir que no das el perfil, pero en este caso es que no daba ni el sexo. Pero nunca digas nunca. Todo es posible. En esta vida no hay ninguna certeza salvo la muerte. Y así fue: el sueño si hizo realidad.

Último año en Scaena Victor Ullate Roche. “Haremos La Pantomima de El Rey León para final de curso” – nos dijeron. Final del primer trimestre. En una tutoría que ni siquiera me tocaba a mi porque no era mi profesor de canto. Aun así siempre me ha gustado escucharle. Hay personas que me parecen muy interesantes y te pueden enseñar mucho. Por eso cuando me ofreció la tutoría enseguida dije que si. Y todo pasa por algo. En esa tutoría, antes de irnos de vacaciones de navidad, oiría aquello que convertiría el final de curso en el más feliz que he tenido nunca: “Yanira, quiero que seas Simba”

…a la vuelta de vacaciones de Navidad se hizo el reparto oficial de personajes y en este caso fue mi estimado profesor de interpretación quien me daba la segunda gran noticia. No sólo iba a hacer de Simba (adulto) si no que también interpretaría al padre, a Mufasa. Ese icono, que era mi padre en mi imaginación de niña, iba a ser otro de mis papeles. En ese momento la responsabilidad fue aun mayor. Simba estaba claro como lo iba a afrontar: era yo. La energía, la juventud, las ganas de disfrutar de la vida, la nobleza…todas las características de Simba las tenía yo. Pero cómo iba a hacer a ese padre que era todo potencia, todo calma, todo cabeza sin dejarse llevar por los sentimientos o los impulsos, ese rey justo y bueno que cuidaba del ciclo de la vida.

A pesar de ello no me podía sentir más afortunada y orgullosa de tener el honor y el placer de interpretar esos dos pedazo de personajes.

(Grabación del Sábado  27 de Junio de 2015)
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Bucle Pythoniano

Últimamente me encuentro en un bucle al que he decidido llamar “Phytoniano”. Estoy inmersa en un mundo humorístico y de lo absurdo del que, para que engañarnos, prefiero no salir.

Muchas veces os he comentado que me gusta mucho el humor y espero algún día trabajar de ello. Por otro lado un gran referente en el humor británico son los Monty Phyton. Hasta aquí todo correcto, hasta hoy.  Después de haberme visto algunas películas representativas de su humor y algunos videos colgados en Internet gracias a San Youtube (dolor de muelas), llega Spamalot. Y dices bueno vale, otra cosa de Monty Phyton, está guay. Llega el martes pasado, día 27 de Octubre, y ves a Eric Idle. Vale, no pasa nada, perfecto. Además estuvo muy bien. Pero llegas hoy a clase de comunicación auditiva, te pones a analizar la cara del profesor que conoces hace tres semanas y te das cuenta de que efectivamente es John Cleese (Uno de los Monty Phyton):

JohnCleese

¡Es que es clavao! La única diferencia es la cantidad capilar, pero tengo a John Cleese de profesor de comunicación auditiva. Pero hasta ahí dices, bueno va, casualidades de la vida. Pero llego hoy a clase, la única que tengo de 14.30 a 16 h y empieza el mundo del absurdo: llega tarde, no sabe encender el ordenador, cuando lo consigue no le funciona, se había olvidado el pen drive en el que tenía lo que iba a explicar hoy en clase y nos manda para casa. A las 14.55 me encontraba  saliendo de clase en direción a mi coche de camino a casa.

Hay un ente de la felicidad que me acecha desde el 26 de Junio de 2006. No se si será suerte, casualidad…llámalo equis pero espero que esta forma de vida que llevo y que me suele acompañar no cambie, porque puedo disfrutar cada día y vivir felizmente el presente.

Como dice mi queridísimo Andreu Buenafuente: La vida siempre te guarda una sorpresa. Sólo tienes que esperar, lanzarte sobre ella y decir: “¡Mía!”

Y el día del trabajador nacerá un gran hombre

Y Dios dijo: “Nacerás en el día del trabajador. Tu estudiantes, alumnos y discípulos aprenderán y reirán contigo. Amenizarás la asignatura de historia y serás adorado por todo”


Lo siento, no me he podido quitar la Bertovisión del otro día relacionada con la biblia.

Hoy una entrada imprescindible para mí. No pueden faltar en este blog ciertas entradas como las felicitaciones. Hoy es el cumpleaños de Abel, mi profesor de Historia del colegio al que iba.

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Hoy por Abel, por ser como es. Porque es un profesor y una persona que no te deja indiferente. Cada clase es mejor que la anterior. Hace que vivas la asignatura de tal manera que luego llegabas a casa y no hacía falta ni estuidar, con simplemente leértelo recordabas cada guiño, muletilla, gesto que hacía en clase y te sabías el temario a la perfección.

Este tipo de profesores son los que verdaderamente te marcan en la vida y él es uno de ellos. Pasan los años y nunca se te olvidan. En uturas conversaciones seguro que le seguiré recordando: “Pues yo tenían un profesor en el colegio que me daba historia que era la bomba, disfrutabas con sus clases. Estabas deseando tener esa asignatura”

La verdad es que se les echa mucho de menos. Pero mientras siga en contacto con la que ha sido mi segunda casa durante casi todo lo que llevo de vida, no habrá problema.

¡¡¡Felicidades Abel!!! Y qué cumplás muchos más.