Relato 20

El verano tocaba a su fin y la chica se hallaba sumida en la tristeza y en la desesperación. Había pasado otra temporada fantástica con su caballero pero ya hacía varios meses que no sabía nada de él. Había recibido alguna noticia por Internet pero todavía no estaba marcada en el calendario la fecha en la que se volverían a ver. Al menos se consolaba vagamente pensando en una fecha aproximada allá por finales de Octubre.

Los segundos se hacían minutos, los minutos horas, las horas meses y los meses años. El tiempo transcurría muy lentamente para la chica que no dejaba ni un minuto de pensar en su caballero. Lo había intentado. ¡Vaya si lo había intentado! Sabía que haciendo eso no sólo se torturaba ella sola, sino que el tiempo transcurriría todavía de forma más lenta.

Intentaba mantenerse ocupada leyendo, quedando con los amigos, dando largos paseos por el campo…Pero nada, todo le recordaba a él. Mirara donde mirara siempre había algo que incentivaba algún recuerdo de esos maravillosos días en los que estaban juntos. “Seguro que ni se acordará de mí” – pensaba la chica. “Es normal, él tiene su vida y yo…no soy nadie”.

La tristeza la iba envolviendo cada día que pasaba. Podía ponerse en contacto con él, incluso sabía dónde estaba…pero el cariño y el amor que le profesaba le impedían coger el teléfono y simplemente llamarle para preguntar cómo estaba. “No quiero molestarle” – se repetía una y otra vez.

De repente, un día como otro cualquiera se levantó por la mañana, subió la persiana y contemplaba el magnífico día que hacía. “Para qué – se preguntaba – es otro maravilloso día en el que me quedo encerrada en casa” – pensó. Y tras un profundo suspiro encendió el ordenador con la esperanza de tener alguna noticia de su caballero. Nada. Cogió un libro y se puso a leer intentando adentrarse en un mundo imaginario que le hiciera escapar de la realidad.

Al cabo de un rato su móvil empezó a vibrar de una forma violenta. La chica supuso que se trataba de una llamada. Miró el móvil y observó el número de la pantalla. No sabía quién era pero descolgó. De repente un voz masculina preguntó por ella. La chica algo asustada contesto afirmativamente y tras escuchar las palabras de aquel hombre rompió a llorar de alegría y emoción. La fecha en la que volvería a ver a su caballero ya estaba señalada en el calendario.

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Relato 19 (2ª Parte)

Las luces de la calle animaban aún más a la chica. Cuando llegó al teatro se quedó fascinada con su belleza. Era increíble. Un teatro grande, muy bien cuidado y precioso. Todo estaba decorado y colocado para promocionar el evento. Pasó la puerta y se puso a observar a su alrededor. Era increíble. Lo había visto en fotografías pero no se podía imaginar la diferencia que suponía verlo en directo.

A continuación se dirigió a la zona de merchandising para comprar algunas cositas. Siempre le gustaba llevarse algún recuerdo de las obras a las que iba a ver. Y finalmente pasó a la sala. El espacio era enorme. La chica que la atendió le anunció que la primera fila se había eliminado y que estaría ubicada en primera fila. La chica ya no cabía en sí de la emoción.

La música empezaba a sonar, las luces de sala fueron reduciendo progresivamente su intensidad hasta oscurecerse por completo y su abogado salió a escena. Tanto tiempo sin verle y ahora que lo tenía delante no podía evitar pensar solamente en él. En ese momento el resto de las preocupaciones o pensamientos que pudiera tener se había borrado de repente. “Está guapísimo” – pensaba ella.

Hubo una presentación y su abogado fue el primero. Se fueron presentando uno por uno los personajes y de repente una música empezó a sonar aumentando su intensidad y allí salió otra vez su abogado bailando. Le encantaba verle bailar y cantar. Era un lujazo y aprendía mucho con él. De repente, le tocaba cantar a su abogado y cuando le tocaba decir la frase se quedó mirando a la chica disimuladamente dedicándola una amplia sonrisa. La chica ya iba a reventar de la emoción. Durante la obra chica no paraba de reir.  El papel de su abogado le iba muy bien y disfrutó mucho con sus escenas.

Como de costumbre su caballero (ahora abogado) tuvo muchos detalles en el escenario. Los guiños y gestos no pudieron faltar. Al finalizar la obra ella no pudo aguantar más y, cuando le tocaba saludar a él, ella se levantó de su asiento y rompió en aplausos y vítores. Le lanzó un beso y él se lo devolvió.

A la salida le esperó, como de costumbre, y ella se descubrió la cabeza (se había comprado una gorra sólo para eso). Le felicitó por su trabajo en la obra. Pero tenía tantas ganas de abrazarle que no aguantó más y se tiró a sus brazos. En ese momento la chica notó como el tiempo se paraba como si quisiera que disfrutara de ese abrazo que tan fuertemente se estaban dando.

Relato 19 (1ª Parte)

El verano se aproximaba a su fin. La chica, acompañada de su soledad, recordaba el comienzo del verano, lo feliz que había sido estando otra vez con su caballero. ¿Cuándo volvería a verle? No lo sabía. No sabía nada de él desde hacía varios meses. Esos meses calurosos los había pasado reflexionando seriamente. Llegó por un momento a la conclusión de que si no volvía a ver a su caballero no tenía nada. La ilusión, la felicidad, todo lo que le ayudaba a seguir hacia delante era él. Sin él la chica no era más que una balada con un final trágico.

Encendió el ordenador. Su único compañero en esos largos días de soledad y calor y recibió un mensaje. Su caballero ya no sería tal, ahora sería un becario en un bufete de abogados. ¡Había conseguido el papel! La chica, llena de alegría,  no sabía que hacer. No sabia si llamarle, enviarle un mensaje felicitándole…ahora tenía una buena escusa para volver a contactar con él. Pero en medio de la euforia surgió la voz de la conciencia que le dijo: “ahora no, que estará hasta arriba de trabajo”. Lo pensó fríamente y le hizo caso a la razón. Además lo bueno era que por fin volvería a ver a su caballero…abogado, abogado. Ahora se tendría que acotumbrar…

Pasó el tiempo y cuando vió la fecha del estreno se llevó una grata sorpresa: ese fin de semana su estimado abogado cumplía años. Qué mejor día para ir a verle.

Y, efectivamente, así fue. Esa mañana se levantó tan pronto que aún no había salido el sol. Los nervios hacía mella en ella y no pudo volver a conciliar el sueño. Hizo la maleta tranquilamente y se dirigió a la estación para coger el tren que le acercaría otra vez a la felicidad. Una amplia sonrisa iba dibujada en su cara y no se la podía borra nadie.

El tiempo se hacía eterno. La obra no empezaba hasta la noche. Así que decidió relajarse dándo una vuelta por esa maravillosa ciudad. Se fue a la playa, un lugar donde le gustaba estar. Se sentó en la arena y se relajaba mirando al mar y pensando en ese reencuentro.  Cuando miró el reloj ya era la hora de volver a casa y arreglarse, su caballero-abogado la esperaba.

Relato 18

Hacía ya dos meses que no veía a su caballero y ella no dejaba de pensar ni un sólo momento en él. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día él estaba en su cabeza. Su sonrisa y su voz se concentraban en el pensamiento de la chica.

“Venga que tienes que estudiar. ¡Concéntrate!” – Se decía ella.

Estaba llena de exámenes, pero no paraba de pensar en él. Veía mensajes de que su caballero estaba haciendo una nueva obra en Barcelona y ella no podía ir. 

Era viernes y como cada día se puso a estudiar. Miró el correo en el ordenador. Ese traicionero le avisaba que sólo quedaban dos días para que terminara la obra. Parecía que el ordenador se estaba riendo de ella mostrándole la cuenta atrás. Una cuenta atrás que ella sabía de sobra y en la que era mejor no pensar.

“¿Y si voy? Total, sólo es un día. Además puedo estudiar en el viaje…Si es que es imposible, tengo demasiados exámenes” – pensaba ella.

Le dio muchas vueltas. No fue poco lo que pensó y era mucho lo que se estaba jugando. Pero de repente el ordenador le avisó de que tenía un nuevo correo. Un correo de la compaía de teatro avisándola de que eran las últimas funciones y que su caballero estaría allí.

No sabía qué hacer. Ella quería, pero el deber era lo primero. De repente giró la cabeza y miró una foto de su caballero en la que él estaba sonriendo. Ella sonrió al ver esa foto y le vino a la memoria las palabras de la conversación que tuvieron antes de hacerse la foto: “Te prometo que te seguiré viendo cuando esto acabe. Saldrán nuevos proyectos y allí estaré yo, en primera fila para verte”

Cogió la foto entre sus manos y se quedó contemplándola un momento. La giró y detrás había algo escrito. Era la letra de su caballero: “Gracias por todo, nos vemos muy pronto”. Ella volvió a sonreir y como si hubiera perdido el juicio compró la entrada para la obra de su caballero y los billetes a Barcelona. “Una promesa es una promesa” – pensó. “Además, él se merece eso y más”.

 Así que el domingo, día en que terminaba la obra se plantó en Barcelona. Estuvo esperándole en la puerta del teatro. Ella miraba abajo y arriba de la calle para ver si le veía, pero nada. Seguramente ya habría entrado. De repente Una voz muy familiar sorprendida le dijo: “¡Nenaaa, qué sorpresa!”-exclamó. Ella no le había visto llegar y se giró sorprendida. Le dio un fuerte abrazo y ambos sonrieron. Le había echado tanto de menos que no podía parar de mirarle. Ella estaba muy contenta de poder estar con él otra vez. Y a él se le veía muy sorprendido. Su sonrisa lo decía todo.

Cuando salieron de la obra ella le felicitó. La verdad es que se lo había pasado muy bien. Había sido muy divertida y él lo había hecho muy bien. Como siempre. Se quedaron charlando un rato. La temperatura era ideal. Hacía muy buena noche y las estrellas iluminaban el cielo despejado de la ciudad condal. Cuando ella le explicó  por qué había venido el reía y no daba crédito. Pero no tuvo por menos que abrazarla y darla las gracias.

“Por ti, hago esto y más, te lo mereces” -pensaba. Pero no se atrevería a decírselo nunca. Era demasiado respetuosa en ese sentido. Sabía que no podía decirselo. Algo se lo impedía. Pero se conformaba con poder estar con él.

Noche estrellada, buena temperatura, Barcelona y su caballero. Era todo lo que necesitaba.

Relato 17

Ese día no pudo dormir en toda la noche. Daba vueltas en la cama pensando en todo lo que había pasado. Lo feliz que había sido la tarde anterior.

Cuando la luz empezaba a entrar por la ventana y el sol empezaba a calentar la habitación se levantó, miró por la ventana y sonreía mientras pensaba en la tarde que le esperaba. La verdad es que, aparte de verle a él, tenía ganas de volver a ver la obra. Había sido tan divertida…

El reloj parecía ir más lento cada vez. Las horas parecían días, los minutos horas…Se hacía muy lento. Es curioso lo rápido que pasa el tiempo cuando eres feliz  y lo lento que se hace cuando esperas algo o cuando eres desdichado. Miraba el reloj cada dos por tres, estaba deseando que llegara el momento de volver a verle. Pero, a pesar de todo, llegó. Miró el reloj por última vez y, como si de una carrera se tratase, cogió las llaves del coche, arrancó el motor y se fue a conocer otro pueblo de Madrid.

Llegó sin ningún problema (la carretera iba vacía a esa hora), pero durante el trayecto sólo podía pensar en las palabras de la noche anterior: “Si quieres te vienes un rato antes y nos vemos”. Cuando llegó no había nadie en la puerta, miró el reloj y, cerrando los ojos con fuerza y frustración se llevó las manos a la cabeza. Había llegado tarde. Seguramente su caballero estaría ya ensayando.

Intentó no pensar en ello, dar una vuelta por el pueblo y aprovechar para tomar unas fotos. La verdad es que se pasó volando y de repente se vio en la puerta del teatro de nuevo dando la entrada para pasar al hall. En la puerta la mujer de seguridad sonreía cuando mientras cortaba la entrada de la chica. Ella la miraba extrañada a lo que la mujer le contestó: “Has esperado un buen rato , ¿eh?” – dijo entre risas. La chica le contestó: “Si, es que había venido para ver a uno de los actores pero he llegado tarde”. “¡Anda! Pues habérmelo dicho mujer y te hubiera metido dentro” – dijo la mujer de la puerta. Esas palabras la golpeaban en su cabeza. Con lo que la gustaba a la chica ver el mundo interno del teatro, cómo ensayan, cómo calientan…A veces la modestia y el respeto la impedían cometer ciertas locuras. “He hecho bien. Tampoco era plan de molestarle” – pensaba la chica como consuelo. Seguramente tendría razón.

La obra fue un éxito. La gente reía y apludía a rabiar. Ella estaba que no cabía en sí misma. Se sentía orgullosa y alegre por él. Aunque no hubiera habido esa reacción del público se hubiera sentido igual. No le hacía falta ver la reacción del público. Sabía cómo actuaba, cantaba y bailaba. Con eso le bastaba para saber que era un gran profesional.

Cuando salió del teatro fue a la puerta por donde tenía que salir él y esperó. Salía cargado con el material y el atrezzo para guardarlo en la furgoneta y ella le ofreció su ayuda, pero el sonrió y le dijo que no hacía falta. Cuando terminaron de recoger estuvieron hablando un buen rato comentando la obra, el público…Él le preguntó que si había llegado bien al sitio, que si no había tenido problemas. Le gustaba eso de él, era tan atento con ella…”Es un cielo de persona” – pensaba ella.

Y cuando menos se lo esperaba, pues parecía que ya se iban a ir, él le dijo: “¿Qué, te animas a tomar una cerveza?” A ella se le abrieron los ojos, y con una sonrisa de oreja a oreja aceptó la invitación. El fin de semana no pudo haber terminado de mejor manera.

Relato 16

Cuando llegó a aquel pueblo de las afueras de Madrid estaba empezando a brillar el sol con un naranja muy intenso y la temperatura empezaba a subir.

La fachada del teatro era una cristalera y la calle se reflejaba en ella con gran claridad. Ella la observaba y miraba el cartel de la obra que iba a ver. Allí estaba su caballero, era uno de los protagonistas. Los ojos de la chica decían más que las propias palabras. Contemplaba la cara de su caballero con ilusión, admiración y felicidad. De pronto, algo se movía en la cristalera. Tres figuras se acercaban al teatro y ella pudo reconocer la cazadora azul de su caballero. ¡Era él! ¡Ya estaba aquí! Por fin…tenía tantas ganas de verle…

Él llegó, contemplo el cartel de su obra y sin dejar de mirarlo dijo: “¡Hola! Te he visto por el reflejo”. Ella sintió como el corazón le latía a mil por hora y no pudo más que mostrar una gran sonrisa y abrazarle. Estaba en un estado catatónico. No era capaz de pronunciar palabra de los puros nervios que sentía. Pero él supo llevar la conversación a buen puerto hasta que se despidieron porque tenía que ensayar. “Bueno, me voy para dentro. Luego nos vemos” – dijo él. Ya no importaba nada. Todo lo malo se había esfumado como una nube de humo. Era feliz. Estaba otra vez junto a su caballero.

Pasaron dos horas y por fin entró en la sala. Era preciosa…y enorme. El público iba entrando y ella no podía sentarse. Estaba tan nerviosa que no podía más que andar por el hall hasta que llegara la hora. Al rato sonó una campana que anunciaba el comienzo de la función. Se sentó en primera fila. Su cara dibujaba una sonrisa más amplia a cada segundo que pasaba. Se apagaron las luces de sala y su caballero apareció en escena.

La obra era muy entretenida pero ella estaba embelesada con la capacidad interpretativa de ese joven. Tenía una mirada tan profunda…“Una mirada de actor. Tiene mirada de actor”– pensaba ella. Cuando terminó el público rompió en aplausos y ella se sentía orgullosa. Los comentarios de la gente no escatimaban en elogios hacia su joven actor y el resto del reparto. Las voces, la interpretación…todo era digno de elogio.

Cuando salió del teatro estaba lloviendo, pero no le importaba. Su caballero le había dicho por donde saldría y allí decidió esperar. Al cabo de un rato la lluvia se iba haciendo más intensa. Miraba hacía el lugar por donde saldría, pero allí no había nadie. Solo una luz que emitía sombras en movimiento. De repente, una figura apareció de esa luz, salió a la calle y se aproximaba a la chica. Ella reconoció la cazadora y elevó la mirada hasta el rostro de la figura. ¡Era él! ¡Su joven actor había salido a buscarla bajo la lluvia! Ella estaba impresionada con el comportamiento de su caballero. Tenía tantos detallazos con ella… Ella le saludó y empezaron a hablar, pero la lluvia se hacía cada vez más intensa. Él la llevó dentro del teatro y le presentó a la compañía. Era gente muy maja.

Una vez dentro, él empezó a recoger el decorado y el atrezzo de la obra. Ella le ayudó, pero cuando tuvieron que pisar el escenario ella se quedó en el medio contemplando las butacas, imáginandose al público, sintiendo el suelo y se vio a sí misma interpretando cientos de papeles y soñando con que algún día pudiera trabajar de ello. Él se percató. La rodeó con su brazo y la dijo: “Impresiona, ¿eh? La verdad es que es una sensación muy agradable”. Ella asentía con la cabeza con una mirada esperanzada.

Después estuvieron hablando un buen rato. Hacía mucho que no se veían y tenían muchas cosas que contarse, proyectos que compartir, miradas y sonrisas que intercambiar…Ella estaba en una nube. Era feliz. Su caballero estaba otra vez cerca.

Cargaron todo en la furgoneta y la compañía decidió cenar algo  por el centro. Ella había traido su coche así que no le importaba acercarles. Se repartieron en los coches, pero su joven caballero decidió irse a la habitación. Estaba muy cansado y tenía muchas cosas que preparar y estudiar. Ella lo comprendía. Sabía que tenía mucho curro y en el fondo ella se alegraba de ello, pues así le seguiría viendo en otros proyectos.

Se despidieron. Él le dio las gracias por venir y se dieron un fuerte abrazo. Pero ella no estaba triste. Sabía que al día siguiente volvería a verle.

Relato 15

Pasaban los minutos, las horas y los días juntos. No había día, de los últimos que quedaban que ella no fuera a verle. Además ahora era el protagonista. Su joven y atractivo caballero estaría en la función cada noche. Charlaban, reían, se abrazaban…Todo era perfecto.

 De repente ella se armó de valor y le dijo: “¿Te apetece tomar algo el domingo en plan despedida de la última función?”.  Él sonrió y contestó: “Hombre, lo que podemos hacer es tomar algo aquí, que nos invita el teatro a una copita”. No estaba creyendo lo que oía. La estaba invitando a la fiesta de final de obra. Estaba anonadada con las palabras de su caballero. Ella aceptó sin dudarlo y sólo estaba esperando que ese momento llegara, aunque sabía que sería el último.

Cuando llegó el día ella estaba muy nerviosa. Estuvo 2 horas preparándose, maquillándose, poniéndose guapa para su caballero. Y allí, en el Hall del teatro, miraba esperanzada e ilusionada a su alrededor esperándole.

Empezaba a llegar gente pero no la persona que esperaba. De repente un amigo suyo le dice. “mira, por allí viene tu querido actor” . Ella se volvió, se miraron y ambos sonreían. Se acercaron y se fundieron en un gran abrazo. Hablaron toda la noche, estuvieron juntos, sonriendo, hablando de sus cosas… ¡Menuda noche más maravillosa!

De repente una dulce melodía sonaba de fondo. Era la alarma de su móvil. ¿Todo había sido un sueño? No. Eso había ocurrido de verdad, pero desde que eso pasó ella no soñaba con otra cosa. Cada noche revivía esos últimos momentos que pasó con él. Hasta la despedida estuvo cargada de emotividad, amistad y cariño.

Apagó la alarma y observó un mensaje en el móvil que ponía: “Obra a las 20 h”. ¡Es verdad, era hoy! Había pasado un mes y medio desde la última vez que vio a su caballero y hoy por fin volvería a verle, pues él regresaba a madrid con otra obra que pintaba muy bien. 

Ella había imaginado muchas veces como sería el reencuentro. ¿Se acordaría de ella? ¿Seguiría teniéndole el mismo cariño? Ella no había dejado de pensar en él ni un solo día. Ya tenía ganas de poder abrazarle de nuevo.

Las horas pasaban lentamente. El segundero parecía ralentizarse en su movimiento circular. Cuando llegaron las 5 de la tarde, se empezó a vestir y decidió irse al teatro para ver llegar a su caballero. Cogió las llaves del coche y puso rumbo hacía el horizonte. El cielo empezaba a clarear y las nubes negras empezaban a disiparse.